Toni Packer

Toni Packer nació en Berlín, Alemania, el 5 de julio de 1927. Era hija de los científicos John Eggert y Margarethe Ettisch. Cuando era muy pequeña, su familia se trasladó a Leipzig. Durante los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial y a lo largo de la propia guerra, ella y su familia vivieron bajo la amenaza constante de ser enviados a un campo de concentración debido a la ascendencia judía de su madre. Solo se libraron de ello gracias al prestigio de su padre como científico.

Vivir en una atmósfera de persecución, unida a los bombardeos de la guerra, llevó a Toni a iniciar un profundo cuestionamiento en busca de sentido en una vida que parecía carecer de él. Después de la guerra, la familia se trasladó a Suiza, donde Toni conoció a un joven estudiante estadounidense, Kyle Packer. Se casaron en 1950 y con el tiempo se establecieron en North Tonawanda, Nueva York. A finales de la década de 1950 adoptaron un hijo. Un día, mientras mecía al bebé y le ayudaba a expulsar los gases, Toni experimentó una apertura espiritual: la revelación de que en este universo había tiempo y espacio para todo.

En la Alemania nazi, a Toni se le había impedido acceder a la educación superior; ya de adulta, disfrutó enormemente estudiando psicología, sociología y antropología en la Universidad de Buffalo. En 1955-56 trabajó como asistente de posgrado en el Departamento de Psicología. Su interés por el zen surgió inicialmente a través de los escritos de Alan Watts. Leyó también a D. T. Suzuki y a otros autores zen, pero no fue hasta que encontró The Three Pillars of Zen, de Philip Kapleau, con sus instrucciones sobre meditación sentada, cuando descubrió algo que realmente podía poner en práctica.

En 1967 comenzó a viajar a Rochester, Nueva York, para participar en sesshin con Roshi Kapleau en el recién creado Rochester Zen Center. Durante su primer sesshin, salió a caminar por el vecindario y de pronto sintió que se desprendía de ella el peso de identificarse como judía. Al contárselo al Roshi, este quedó impresionado, aunque también le dijo: «¡No salgas a caminar!». Toni llegó a convertirse en una de sus estudiantes veteranas y, con el tiempo, en maestra. Comenzó a dirigir retiros en 1976.

Después de un periodo de profundo cuestionamiento personal y de entrar en contacto con la obra de J. Krishnamurti, Toni comprendió que ya no podía seguir trabajando dentro de un contexto budista tradicional. Abandonó el centro de Rochester y, con el apoyo de una amplia comunidad, en 1982 se fundó el Genesee Valley Zen Center. La nueva organización permitiría a las personas continuar trabajando dentro de un contexto zen, pero sin las formas y rituales propios del zen tradicional.

Toni había tenido la visión de que estar en el campo podía ser de gran ayuda para quienes se dedicaban a la meditación. Tras una búsqueda de terrenos, se encontró una propiedad ideal en Springwater, Nueva York, donde la construcción comenzó en 1984. Dos años más tarde, la organización pasó a llamarse Springwater Center. Aproximadamente por esas mismas fechas, Toni comenzó a ser más conocida gracias a la publicación del libro de Lenore Friedman Meetings with Remarkable Women.

Durante décadas, Toni tuvo una presencia activa y cotidiana en la vida de Springwater Center, compartiendo su intensa dedicación al trabajo que denominaba indagación meditativa. Dirigía retiros, se reunía con visitantes y viajaba a Europa, California y Canadá para ofrecer retiros y charlas. Además de ser la maestra residente, ejerció labores administrativas y formó parte del consejo de administración. Con su lucidez, energía, calidez y sentido del humor, fue una fuerza orientadora a medida que la organización evolucionaba desde unos comienzos convulsos hasta convertirse en el reconocido centro que es hoy.

Con problemas de salud durante sus últimos años, Toni continuó participando en reuniones y retiros desde su casa hasta 2011. Murió el 23 de agosto de 2013 en un centro de cuidados especializados de la cercana localidad de Mount Morris, dejando un amplio legado de libros y charlas grabadas.

«La atención no puede enseñarse y, cuando está presente, no tiene contexto. Todos los contextos son creados por el pensamiento y, por lo tanto, pueden ser corrompidos por el pensamiento. La atención simplemente arroja luz sobre lo que es, sin separación alguna».

– Toni Packer