Diálogo

¿Qué es el diálogo meditativo en grupo?
Lucía M. Verrelli

El espacio de diálogo meditativo grupal continúa con el espíritu de escucha, observación, interés y apertura que se sugiere para la meditación silenciosa.

Es un espacio en el que los participantes pueden compartir lo observado y escuchar al resto: un escuchar sincero, paciente y abierto.

No es un espacio para debatir, cuestionar, dar órdenes o consejos, sino para poner en común lo observado y poder ampliarlo en una indagación que profundice el entendimiento hasta lo más esencial que podamos ver.

Si alguien tiene un suceso particular de su vida que siente importante para compartir, o que ejemplifica algo en lo que quiere indagar, se invita a llevarlo al diálogo como una observación y no como un problema, lo cual ayuda a que la misma persona con la inquietud lo pueda ver con una perspectiva más amplia. En lugar de, por ejemplo, describir la pelea que alguien tuvo en la semana con otra persona, puede observar, en el espacio meditativo, qué es lo que lo ha marcado tan profundamente de ese suceso y llevar eso al diálogo para abrir el tema a algo más profundo y compartido (por ejemplo: “he observado que hay ciertas cosas que me hacen reaccionar muy inmediatamente” o “¿por qué es difícil encontrar espacio en el enojo?”, etc.).

El grupo no busca solucionar problemas pero, frecuentemente, las respuestas aparecen naturalmente, dentro de la misma persona que indaga, como parte natural del proceso de observación al que esta práctica invita.

– Lucía M. Verrelli

Orientaciones prácticas sobre los encuentros
Lucía M. Verrelli

Nuestra forma de compartir este espacio es, normalmente, mediante tres etapas:

  1. Una meditación en silencio de 25 minutos.
    Este espacio meditativo, también llamado «sitting» o «sentada», consta de estar en silencio, compartiendo la quietud con apertura, interés, observación y curiosidad.
    No hay técnicas impuestas, guiadas o establecidas: se invita a estar en silencio con lo que hay, ya sea en el exterior (aquello que percibimos a nuestro alrededor con los sentidos) o interior (lo que acontece en nuestro cuerpo-mente: tanto sensaciones físicas de dolor, incomodidad, cansancio, confort, etc. como sucesos que transcurren en la mente, como dispersión, pensamientos intrusivos o cíclicos, imágenes, etc.).
    No se condiciona ni se juzga: si alguien prefiere utilizar el espacio para realizar silenciosamente una práctica, es bienvenido a hacerlo (mientras esto no condicione la práctica de los demás), si alguien se pierde en pensamientos, se invita a notar lo que sucede, si se presentan cosas externas que se juzgan como irrupciones, se las observa: ¿son interrupciones? ¿por qué las juzgamos así? ¿qué es lo que están interrumpiendo?
    La meditación no es vista como una tarea que se hace “bien” o “mal” ni se le establecen condiciones de cumplimiento: es un espacio de quietud con lo que hay, sea lo que sea que hay allí en ese momento. Cada lunes es una nueva oportunidad, una nueva serie de experiencias, siempre hay otro lunes nuevo para volver a compartir la quietud.
    Se pide a quienes participan que mantengan apagados los micrófonos durante este período. Es opcional tener encendida la cámara, puede hacerse para compartir con quienes están también allí o pueden mantenerla apagada si prefieren hacerlo, ya sea por comodidad, porque prefieren realizar prácticas caminando o por cualquier otro motivo.
    Tanto el inicio como el final de este espacio son marcados con una campana por quienes facilitan la práctica.
  2. Una pausa de 5 minutos.
    Concluida la meditación ––«sitting» o «sentada»––, nos tomamos 5 minutos con las cámaras y micrófonos apagados, antes de regresar para la tercera parte.
  3. Un diálogo meditativo de una hora.
    La dinámica que se ofrece es mantener las cámaras encendidas, dentro de lo posible, con los micrófonos apagados hasta que alguien quiera compartir. Cuando vemos a alguien activar el micrófono, significa que toma la palabra y, cuando lo apaga, sabemos que terminó de compartir.
    Debemos intentar ser conscientes no solamente de quienes nos rodean sino también del tiempo y permitir que todo aquel que quiera compartir tenga la oportunidad de hacerlo en el tiempo estipulado, de ser eso posible.
    Pedimos que no se interrumpa a otro mientras comparte y se espere a que termine, respetando su ritmo.
    Quien facilita el diálogo indica cuándo comienza y cuándo termina este espacio.
¿De qué hablamos en el diálogo meditativo?
Sandra González

Un tema puede ser lo que surge cuando entramos en relación dentro del grupo: cómo se van formando imágenes de los demás y cómo nosotros mismos vivimos a través de imágenes de quienes creemos ser. Es un tema fascinante: cómo se construyen esas imágenes a partir de historias sobre nosotros mismos y sobre los demás, y cómo nos identificamos con ellas.

Surge entonces la posibilidad, a solas o juntos en el grupo, de cuestionar esas creencias, de hacerlas más porosas, para que pierdan la rigidez de la creencia ciega. Al cuestionarlas, se abren otras posibilidades de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. También pueden abrirse nuevas maneras de responder a situaciones difíciles: respuestas más apropiadas, menos condicionadas y quizá más armoniosas y compasivas.

El aprendizaje ocurre a través de esos descubrimientos. Poco a poco puede empezar a emerger otra forma de comprender la vida. La lectura puede apoyar este proceso, por supuesto, pero lo que se descubre tiene que experimentarse directamente, digerirse. Es un trabajo directo: una «observación sin intermediarios», sin los filtros que la mente interpone a través de sus creencias fijas.

El intermediario es precisamente esa mente condicionada por creencias, imágenes y conclusiones, que puede impedir una percepción directa de lo que está ocurriendo. Como alguien dijo alguna vez, no se trata simplemente de aprender. No estamos hablando aquí de un conocimiento de segunda mano, sino de algo directo, algo que ha sido descubierto, que se ha revelado en la atención abierta (awareness). Tenemos que descubrir por nosotros mismos qué significa observar directamente y qué es lo que obstruye esa observación.

Por eso, aprender a ver todo aquello que interfiere con una percepción clara puede ser muy útil en este trabajo. A veces puede ayudar ofrecer información o plantear preguntas como: ¿qué significa estar con una emoción? Puede significar simplemente vivirla, sentirla, experimentarla directamente, permitiendo que se revele aquello que hemos estado protegiendo o a lo que hemos estado resistiéndonos. Es ahí donde puede producirse una transformación.

Cuando alguien comprende algo de esto directamente y comparte su experiencia, ese compartir puede ayudar a otros a descubrir por sí mismos qué significa estar realmente con una emoción o con una situación difícil.

– Sandra González

La esencia del diálogo en grupo
Toni Packer

Por si todavía no has participado aquí en un diálogo en grupo, diré simplemente unas palabras; y quizá, si hace falta, vayamos diciendo algo más a lo largo del diálogo.

Ya no lo llamamos «discusión», porque su esencia no consiste en discutir sobre un asunto, ni en que unas opiniones ganen y otras pierdan, ni tampoco necesariamente en contarnos unos a otros nuestra historia, la historia de nuestra vida o una parte de ella. Si algo de nuestra vida surge como ejemplo de lo que estamos viendo, está bien; y si surge sin que seamos conscientes de ello, también está bien. Pero este tiempo se aprovecha mejor si miramos juntos algo, alguna cuestión que surja y que irá evolucionando a medida que avancemos.

No se trata tanto de mi opinión sobre ello, sino de poner en común nuestros recursos de energía, porque mirar algo a fondo requiere energía. Ver, cuestionar, descubrir. Y estar atentos, porque todos caemos fácilmente en la trampa de monopolizar el tiempo. Es una ocasión magnífica para presentarnos como esto o aquello, como alguien importante o que sabe mucho, y para volvernos sensibles a todo eso. En parte, para eso sirve este diálogo: para hacernos sensibles a esta pregunta: «¿Estoy simplemente tratando de promocionarme, de sentirme importante, de conseguir que los demás estén de acuerdo conmigo o me reconozcan, de obtener compasión o lo que sea?». Porque todo esto subyace con mucha frecuencia a nuestras conversaciones.

Y esto —el diálogo en grupo— está aquí para arrojar luz sobre todo ello. Y quizá, a partir de esa iluminación de lo que hay, pueda surgir una forma diferente de diálogo, en la que lo esencial sea descubrir juntos qué está ocurriendo ahora mismo, aunque resulte difícil expresarlo con palabras. Pero las palabras no son aquí la única forma de comunicarnos.

Así que, si tienes alguna pregunta sobre este lugar, si nunca has estado aquí —¿qué ocurre aquí?, ¿qué hacéis?, ¿por qué?—, por favor, plantéala. Y no te preocupes si no se te da bien hablar en público. Esto no es una prueba de eso. Nos ayudaremos mutuamente a aclarar lo que intentamos decir preguntándonos: «¿Qué quieres decir con eso?». Y ¿cómo reacciono yo cuando alguien me pregunta: «¿Qué quieres decir con eso?». ¿Siento enseguida que no me han entendido, o que no he sabido explicarme bien? ¿O puedo simplemente mantenerme flexible y decir: «Déjame expresarlo de otra manera para que puedas entender lo que quiero decir»? Tal vez descubriendo, incluso, que yo mismo no sé muy bien qué quiero decir. Esto ocurre muy a menudo: decimos cosas y no sabemos del todo qué queremos decir.

Así que quizá ya se haya dicho suficiente.

– Toni Packer
Retiro de enero de 2005
Introducción al primer diálogo en grupo

Texto original: «The Essence of Group Dialogue»